La novela judicial de Grupo Salinas volvió a escribir un capítulo poco
favorecedor para el conglomerado, luego de que un tribunal federal desechara
uno de los amparos clave dentro del juicio por un adeudo fiscal de 67 millones
de pesos. Y aunque la cifra parece pequeña comparada con otros litigios del
grupo, el simbolismo es enorme: otro revés, otra derrota procesal y otra señal
de que la estrategia legal ya no avanza como antes.
El caso gira en torno a un conflicto de años entre el SAT y empresas vinculadas
al grupo, sobre presuntas diferencias fiscales que, según la autoridad, han sido
impugnadas de manera sistemática mediante una interminable cadena de
amparos, recursos, incidentes y revisiones. Esta vez, el tribunal concluyó que la
demanda de garantías presentada no cumplía requisitos básicos, y simplemente
la desechó. Sin rodeos, sin concesiones y sin espacio para maniobra.
Lo interesante es que este revés no es aislado. En las últimas semanas, varios
tribunales han definido criterios más estrictos, cerrando la puerta a lo que
especialistas llaman “litigios defensivos” que buscan retrasar pagos o congelar
resoluciones fiscales. En ese contexto, la noticia golpea en un momento
especialmente delicado para Grupo Salinas, que mantiene otros procesos
abiertos que, en conjunto, representan cientos o incluso miles de millones de
pesos en disputa.
Pero aquí viene el punto clave: la Suprema Corte de Justicia de la Nación aún
no resuelve el juicio más importante de todos, uno que podría convertirse en el
verdadero terremoto financiero para el conglomerado. Aunque no hay fecha
definida, magistrados y especialistas coinciden en que el fallo será decisivo y
podría cerrar una etapa de más de 18 años de litigios entre el gobierno federal y
las empresas del grupo.
Mientras tanto, la narrativa pública se divide: para algunos, estos reveses
muestran un sistema fiscal que finalmente se impone ante grandes
corporaciones; para otros, representa un uso político de las instituciones para
exhibir a un actor incómodo. Sea cual sea la lectura, lo cierto es que el reloj
corre y las resoluciones se siguen acumulando… siempre en la misma dirección.
Y si algo está claro, es que la Corte prepara el capítulo final.
Lo único que falta saber es qué tan fuerte sonará el portazo.

