El gobierno federal anunció lo que ya califica como “el golpe más importante de
este gobierno contra el huachicol”, según palabras del jefe de Gobierno, Omar
García Harfuch, quien aseguró que el operativo no sólo frenó una red completa
de robo de combustible, sino que abrirá la puerta a una serie de acciones aún
más fuertes. Y sí, el mensaje fue claro: “esto no fue un golpe aislado… vienen
más”.
El operativo, realizado en coordinación con la Secretaría de la Defensa
Nacional, la Guardia Nacional y la Fiscalía, dejó como resultado la detención de
varios integrantes clave de una estructura que operaba desde distintos puntos
del país. De acuerdo con Harfuch, el modus operandi de la organización incluía
perforación de ductos, extorsión a trabajadores de Pemex y control territorial
mediante grupos armados. En pocas palabras: una empresa criminal completa,
pero sin registro ante Hacienda.
Las autoridades detallaron que, además de las detenciones, se aseguraron
predios, vehículos, maquinaria y documentos que podrían revelar la
participación de actores aún más poderosos. Harfuch no quiso dar nombres,
pero dejó entrever que el caso “subirá varios pisos más arriba” en la pirámide
del crimen organizado.
El anuncio llega en un contexto donde el huachicol ha representado una sangría
multimillonaria para el país y un riesgo constante para comunidades enteras,
que viven entre tomas clandestinas, explosiones y amenazas. Por eso, la
narrativa del “golpe histórico” funciona políticamente y genera titulares. Sin
embargo, especialistas advierten que el verdadero reto es sostener estos
operativos, evitar la reconfiguración de los grupos y cerrar las fugas internas.
En redes sociales, la noticia fue recibida entre aplausos, dudas y el ya
tradicional humor mexicano. “Si este fue el golpe más grande, que no vayan a
dejar los golpes más chicos para después del informe”, escribió un usuario.
Otros pidieron que los operativos no se queden en conferencias, sino en
resultados judiciales.
Harfuch, por su parte, insistió en que habrá más acciones y que la estrategia
será “implacable”.
Promesas hay. Ahora falta ver si la gasolina deja de desaparecer.

