Mientras carreteras de varios estados amanecieron semiparalizadas por
protestas, la Secretaría de Gobernación (Segob) decidió lanzar un mensaje que,
por decirlo bonito, cayó como balde de agua helada entre transportistas y
productores del campo: “No hay motivo para mega bloqueos”. Así, sin anestesia.
Y como era de esperarse, la declaración encendió aún más la discusión
nacional sobre la crisis agrícola y las movilizaciones que siguen
multiplicándose.
La postura oficial fue clara: Segob asegura que el gobierno está abierto al
diálogo, que existen canales institucionales para atender demandas y que las
protestas masivas solo generan caos innecesario. La dependencia pidió a los
grupos inconformes “no afectar a terceros” y mantener la calma mientras
continúan las mesas de trabajo. El problema es que, según los manifestantes,
esas mesas o no avanzan… o simplemente no existen en la práctica.
La declaración causó molestia, especialmente entre organizaciones rurales que
ya habían advertido que los bloqueos eran el “último recurso” tras meses de
solicitudes ignoradas. Para ellos, el mensaje de Segob sonó más a regaño que a
solución, y alimentó la percepción de que el gobierno minimiza la crisis que
viven miles de familias campesinas: costos disparados, falta de apoyos, precios
bajos y una cadena productiva que se siente al borde del colapso.
En medio de la tensión, Segob sostuvo que las autoridades federales y estatales
están trabajando para atender las demandas y que no se permitirá que el país
quede rehen de manifestaciones que afecten la movilidad y la economía. El
problema, otra vez, es la distancia entre lo que se dice y lo que se ve en las
carreteras: camionetas atravesadas, filas interminables de autos, transportistas
en protesta y una ciudadanía que quedó atrapada en un conflicto que ya rebasó
el ámbito agrícola.
La discusión se volvió nacional. ¿Hay motivos para los bloqueos? Los
manifestantes dicen que sí, urgentes y acumulados. Segob dice que no, que
todo puede resolverse con diálogo y paciencia. Mientras tanto, México está en
pausa… y el campo sigue esperando respuestas.
Y es que, si algo dejó claro este episodio, es que cuando el gobierno dice que no
hay motivos, generalmente hay muchos.

