El Zócalo capitalino volvió a convertirse en escenario de protesta, pero esta vez
no fueron estudiantes, ni trabajadores, ni colectivos feministas quienes alzaron
la voz. Fueron militares en retiro —sí, aquellos que dedicaron su vida a la
disciplina, al orden y a los toques de queda— los que marcharon hacia el
“corazón político” del país para exigir lo que, aseguran, deberíamos haberles
dado hace décadas: condiciones dignas de retiro y respeto para las Fuerzas
Armadas.
Con pancartas que combinaron el humor incómodo con el reclamo directo
(“Servimos a la patria, la patria nos debe respeto”), los exintegrantes del
Ejército, Marina y Fuerza Aérea denunciaron que el sistema actual de retiro “se
quedó atorado en el siglo pasado”, mientras ellos enfrentan pensiones
insuficientes, acceso limitado a servicios médicos y una evidente falta de
reconocimiento institucional.
La marcha, que avanzó con disciplina castrense, recordó al Gobierno federal
que los uniformados, activos o retirados, sostienen buena parte de la seguridad
nacional. Y que, irónicamente, muchos de los que hoy protestan enseñaron a
generaciones completas a mantener el orden… incluso cuando el desorden
ahora es administrativo.
Los manifestantes exigieron reformas inmediatas que homologuen prestaciones
con las de otras corporaciones, actualicen el cálculo de pensiones y otorguen
garantías médicas reales, no promesas. También pidieron que la clase política
“deje de usar a las Fuerzas Armadas para todo”, desde aerolíneas hasta
aduanas, mientras sus propios veteranos enfrentan abandono institucional.

Aunque la movilización fue pacífica, su mensaje fue contundente: no se puede
exigir entrega total sin ofrecer condiciones mínimas de dignidad. El Gobierno
anunció que revisará las solicitudes, pero sin compromisos claros. Los militares
retirados, por su parte, advirtieron que esta no será su última aparición pública.
Porque si algo dejó claro esta marcha es que cuando quienes alguna vez
defendieron al país salen a las calles para defenderse a sí mismos… es porque
el problema ya rebasó cualquier orden del día.

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