En un mensaje centrado en la esperanza y la libertad espiritual, el Papa León
XIV encabezó este domingo 7 de diciembre el rezo del Ángelus ante miles de
fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano. Durante su reflexión, el
pontífice afirmó que los creyentes deben orientar sus pensamientos y energías
hacia un Dios “que viene a reinar, no para dominarnos, sino para liberarnos”.
El Papa subrayó que, en tiempos de incertidumbre social, conflictos y tensiones
globales, la fe no debe utilizarse para imponer miedo ni control, sino para
fortalecer la dignidad humana, la compasión y el sentido de comunidad. “El
verdadero reinado de Dios no es poder que aplasta ni fuerza que somete. Es
amor que transforma y libera”, dijo ante la multitud congregada.
León XIV señaló que la humanidad atraviesa un periodo marcado por discursos
de odio, polarización y desconfianza institucional. Frente a ello, invitó a los
fieles a ejercer un compromiso activo con el bien común, recordando que la
espiritualidad debe traducirse en acciones cotidianas: desde la empatía hacia el
prójimo hasta el apoyo a quienes sufren violencia, pobreza o exclusión.
“Los creyentes no podemos quedarnos como espectadores”, afirmó el pontífice.
“Nuestra misión es ser instrumentos de paz y solidaridad. Solo así podemos
reflejar el mensaje de un Dios que libera y no esclaviza.”
El Papa también destacó la importancia de los jóvenes en la renovación
espiritual de las comunidades, exhortándolos a no caer en el desencanto ni en
el aislamiento emocional que genera el entorno digital. “Sean constructores de
esperanza”, insistió.
Durante su discurso, el líder de la Iglesia católica hizo un llamado a no
confundir la fe con un ejercicio autoritario. Señaló que la religión, cuando se
utiliza para justificar violencia o discriminación, se aleja del mensaje cristiano.
“El amor no impone; el amor propone, acompaña y libera”, reiteró.
Al concluir el Ángelus, León XIV pidió continuar en oración por las poblaciones
afectadas por guerras recientes y por quienes enfrentan crisis humanitarias,
invitando a mantener una actitud de apertura, diálogo y unidad.
El mensaje del pontífice, cargado de simbolismo y claridad pastoral, fue
interpretado como un recordatorio contundente de que la espiritualidad no debe
servir para controlar conciencias, sino para construir sociedades más libres,
solidarias y humanas.

