El Senado vivió uno de esos momentos que parecen sacados de una comedia
política: Adán Augusto López, exsecretario de Gobernación y figura cercana al
presidente López Obrador, decidió regalar miles de copias del libro “Grandeza”,
escrito por AMLO, a los senadores. Sí, miles. Porque al parecer, uno no era
suficiente.
El gesto generó una mezcla de sonrisas incómodas, cejas levantadas y un
inevitable murmullo entre curules. Algunos senadores agradecieron el obsequio
con diplomacia, otros lo vieron como una genial estrategia de promoción
editorial… y los más críticos lo interpretaron como un recordatorio de que el
“lopezobradorismo” sigue aspirando a dejar huella hasta en las bibliotecas
personales de los legisladores.
Los ejemplares llegaron empaquetados y apilados en montones que parecían
destinados a una feria del libro más que al recinto legislativo. La distribución
fue inmediata, casi ceremoniosa. Y aunque Adán Augusto aseguró que la
intención era difundir “la visión histórica del presidente”, lo cierto es que el
gesto se sintió más político que literario.
Dentro del Senado, la conversación no tardó en tomar un tono irónico. Algunos
preguntaban si también habría “lectura obligatoria”, mientras otros bromearon
sobre si los libros incluían dedicatoria personalizada. Pero más allá de las risas,
el movimiento dejó claro que la figura de AMLO continúa buscando espacios
simbólicos en la vida pública, incluso en un momento en que la transición
política del país ya está en marcha.
El libro, titulado Grandeza, es una defensa del proyecto político del presidente y
una revisión personal de lo que él considera logros históricos. Para los

simpatizantes, un documento de referencia. Para los opositores, propaganda
pura y dura. Para quienes lo recibieron sin pedirlo… simplemente otro libro que
tendrá que encontrar lugar en el estante.
La entrega masiva también desató comentarios en redes sociales, donde
usuarios señalaron lo irónico de que, en pleno debate nacional sobre educación,
salud y seguridad, uno de los temas del día fuera una especie de “Santa Claus
legislativo” repartiendo libros de AMLO.
En cualquier caso, Adán Augusto logró lo que muchos buscan en política: que
todos hablen de él. Y del libro, por supuesto.

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