La crisis carcelaria en Ecuador suma un nuevo y alarmante capítulo. Al menos
15 internos murieron en la Penitenciaría del Litoral, una de las prisiones más
grandes y conflictivas del país, por un posible brote de tuberculosis. Las
autoridades confirmaron los fallecimientos, aunque admitieron algo todavía más
inquietante: no conocen con certeza las causas exactas de las muertes.
Sí, murieron 15 personas bajo custodia del Estado… y aún no hay una
explicación clara.
La tuberculosis, una enfermedad infecciosa asociada históricamente a
condiciones de hacinamiento, mala ventilación y falta de atención médica,
vuelve a poner el foco en las cárceles ecuatorianas. Espacios saturados,
servicios de salud rebasados y escasa prevención crean el escenario perfecto
para que una enfermedad respiratoria se propague sin control. En prisión,
enfermarse no es una excepción; es casi parte de la condena.
Las autoridades sanitarias señalaron que se están realizando pruebas médicas
y protocolos de control para evitar más contagios. Sin embargo, el mensaje
oficial llega tarde para quienes ya murieron y para los internos que conviven
con el miedo de ser los siguientes. Mientras tanto, los familiares exigen
información clara, algo que hasta ahora brilla por su ausencia.
La Penitenciaría del Litoral no es ajena a la tragedia. En los últimos años ha
sido escenario de motines, masacres y violencia extrema. Ahora, la amenaza no

viene de las armas, sino de una enfermedad que avanza en silencio, sin disparos
ni alertas visibles, pero con consecuencias letales.
Organismos de derechos humanos han advertido en múltiples ocasiones que el
Estado es responsable de garantizar la vida y la salud de las personas privadas
de la libertad. Cuando alguien entra a prisión, pierde su libertad, no su derecho
a vivir. Cada muerte sin explicación refuerza la percepción de abandono
institucional.
El gobierno insiste en que las investigaciones continúan, aunque reconoce que
todavía no se puede confirmar oficialmente que la tuberculosis sea la causa
directa de los fallecimientos. Una respuesta que deja más dudas que certezas.
Mientras tanto, 15 muertes se suman a una larga lista de tragedias carcelarias
en Ecuador. Y una pregunta queda flotando en el aire viciado de la prisión:
¿cuántos más tienen que morir para que la salud en las cárceles deje de ser
invisible?

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