Donald Trump volvió a firmar una orden ejecutiva que nadie vio venir… al menos
no de esta forma. El expresidente aprobó la reclasificación de la marihuana en
Estados Unidos, pasando oficialmente de la Lista I a la Lista III de sustancias
controladas. En términos simples: el cannabis deja de estar al nivel de la
heroína y el LSD, y pasa a un grupo con reconocimiento médico y menor riesgo
legal. Sí, algo histórico… firmado por Trump.
La decisión marca un giro significativo en la política antidrogas estadounidense.
Durante décadas, la marihuana fue tratada como una de las sustancias más
peligrosas, sin valor médico aceptado y con alto potencial de abuso. Con esta
reclasificación, el gobierno reconoce lo que médicos, pacientes y varios
estados ya venían diciendo desde hace años: el cannabis tiene usos
terapéuticos y no merece el mismo trato que las drogas más duras.
En redes sociales, la reacción fue inmediata y cargada de ironía. “El mismo
Trump que prometía mano dura ahora suaviza la ley”, comentaban usuarios.
Otros celebraron el paso como una victoria tardía pero necesaria. Porque
aunque muchos estados ya legalizaron su uso medicinal o recreativo, a nivel
federal seguía siendo un problema serio para empresas, médicos y
consumidores.
El cambio no significa legalización total. La marihuana sigue siendo una
sustancia controlada, pero la nueva categoría facilita investigación científica,
prescripción médica y operaciones comerciales con menos trabas fiscales y
legales. Para la industria del cannabis, esto equivale a oxígeno puro después de
años operando en una zona gris.
Políticamente, el movimiento también tiene lectura electoral. La reclasificación
conecta con votantes jóvenes, pacientes y sectores empresariales, además de
suavizar una postura que por años fue vista como rígida y punitiva. Trump, fiel a
su estilo, rompe su propio molde y reconfigura el discurso.
Para México y otros países, la decisión estadounidense vuelve a poner presión
sobre sus propias políticas de drogas. Cuando el vecino del norte cambia las
reglas, el tablero regional se mueve… quieran o no.
Así, la marihuana deja de ser “enemiga número uno” a nivel federal en EUA. No
es libertad total, pero sí un cambio de era. Porque en política, como en la vida, a
veces hasta los discursos más duros terminan relajándose.

