No todos los días el New York Times voltea a ver a México para hablar bien de
un funcionario de seguridad. Mucho menos para colocarlo como enlace clave
entre el gobierno mexicano y las agencias de seguridad de Estados Unidos.
Pero esta vez ocurrió, y el nombre que apareció en las páginas del influyente
diario estadounidense fue el de Omar García Harfuch.
El reconocimiento no llegó por casualidad ni por simpatía editorial. Según el
NYT, el papel de Harfuch cobra relevancia en el contexto del nuevo Programa
Sectorial de Seguridad y Protección Ciudadana 2025-2030, una estrategia que
busca redefinir la relación bilateral en materia de seguridad. Traducido al
lenguaje cotidiano: coordinación, intercambio de información y menos
improvisación.
El diario destaca que, en un escenario marcado por el tráfico de drogas, la
migración y el crimen organizado transnacional, Harfuch se ha convertido en un
interlocutor confiable para Washington. Algo que, en tiempos recientes, no ha
sido precisamente común. La relación entre ambos países ha pasado por
tensiones, silencios incómodos y reproches públicos; por eso, cuando alguien
logra sentar a ambas partes en la misma mesa, vale la pena señalarlo.
El texto del NYT subraya que el nuevo programa de seguridad mexicano
apuesta por fortalecer la cooperación internacional sin ceder soberanía, un
equilibrio delicado que Harfuch ha sabido navegar. No se trata solo de
reuniones diplomáticas o fotos institucionales, sino de una comunicación
constante con agencias como el FBI, la DEA y el Departamento de Seguridad
Nacional. Sí, esas mismas con las que antes abundaban las fricciones.
Con un perfil técnico, experiencia operativa y una narrativa menos estridente,
García Harfuch aparece como una figura que tranquiliza a los socios
estadounidenses y, al mismo tiempo, refuerza la imagen de un México que

busca orden en su política de seguridad. Para el NYT, esta combinación explica
por qué su nombre destaca dentro del nuevo esquema gubernamental.
El reconocimiento también llega en un momento clave: el arranque de una
nueva etapa política en México y la necesidad de enviar señales claras al
exterior. En ese tablero, Harfuch no solo ejecuta políticas, sino que funge como
traductor entre dos países que se necesitan… aunque no siempre se entiendan.
Así, mientras en México el debate sobre seguridad suele ser ruidoso y
polarizado, desde Nueva York el mensaje es claro: hay un actor que está
haciendo ruido, pero del bueno. Y cuando el New York Times toma nota,
conviene prestar atención.

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