Ni dobles de riesgo, ni efectos especiales, ni pantalla verde. Esta vez fue real.
Jackie Chan, el eterno maestro de las artes marciales y leyenda viva del cine de
acción, llevó la antorcha olímpica de Milán-Cortina 2026 por un escenario que
ya de por sí impone respeto: las antiguas calles de Pompeya. Porque si algo
sabe hacer Jackie Chan, además de repartir patadas memorables, es convertir
cualquier aparición en un momento histórico.
La imagen parece sacada de una película épica: ruinas milenarias, piedra
volcánica, historia detenida en el tiempo… y en medio de todo, Chan avanzando
con la llama olímpica. No corriendo de una explosión, no persiguiendo villanos,
sino portando uno de los símbolos más antiguos del deporte mundial. Ironías de
la vida: el hombre que ha desafiado al tiempo en la pantalla ahora camina entre
vestigios que ni el tiempo perdonó.
La elección del actor no fue casualidad. Jackie Chan representa disciplina,
constancia y una carrera forjada a base de caídas reales, huesos rotos y
esfuerzo genuino. Valores que, al menos en el discurso, el olimpismo presume
defender. Y hacerlo en Pompeya, una ciudad congelada por la tragedia, le dio al
relevo un peso simbólico difícil de ignorar.
Turistas, locales y seguidores no tardaron en compartir imágenes del momento.
Porque no todos los días se ve a una estrella global caminando por calles
romanas con una llama que simboliza unión, paz y competencia… sin lanzar una
sola patada voladora. Aunque muchos lo esperaban.
La antorcha de Milán-Cortina 2026 recorrerá distintos puntos cargados de
historia antes de llegar a la sede olímpica, y la participación de Chan eleva el

perfil del evento. Es un recordatorio de que los Juegos Olímpicos no solo viven
de atletas, sino también de figuras que conectan generaciones.
Jackie Chan, que ha sobrevivido a décadas de cine de acción, hoy demuestra
que no hace falta saltar de un edificio para seguir siendo protagonista. A veces,
basta con caminar, sostener el fuego y dejar que la historia haga el resto.

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