Francisco Barrio Terrazas, exgobernador de Chihuahua y exalcalde de Ciudad
Juárez, falleció a los 75 años, cerrando así un capítulo relevante —y polémico—
de la política mexicana. Su muerte fue confirmada este día y de inmediato
generó reacciones entre quienes lo recuerdan como un pionero de la
alternancia política y quienes no olvidan las controversias que marcaron su
trayectoria.
Barrio Terrazas fue una figura clave del Partido Acción Nacional (PAN) y uno de
los primeros gobernadores opositores que rompieron con décadas de
hegemonía priista en los estados. En su momento, su llegada al poder fue vista
como un símbolo de cambio, de esperanza democrática y de un supuesto nuevo
estilo de gobernar. Para muchos, representó el “ya basta” a los viejos vicios;
para otros, fue simplemente el inicio de nuevas decepciones con distinto color
partidista.
Antes de llegar al gobierno estatal, Barrio fue alcalde de Ciudad Juárez, una
ciudad compleja, marcada por la violencia, el crecimiento acelerado y
profundas desigualdades sociales. Su paso por la presidencia municipal y
posteriormente por la gubernatura dejó una huella difícil de resumir en blanco y
negro: hubo decisiones firmes, discursos duros y una constante confrontación
con el poder federal de su época.
Con el tiempo, su figura se fue alejando de los reflectores, aunque nunca del
todo del debate político. Para sus simpatizantes, fue un hombre congruente, de
carácter fuerte y convicciones claras. Para sus críticos, un político que
prometió más de lo que pudo cumplir y que no logró transformar de fondo los
problemas estructurales de Chihuahua.
Su fallecimiento ocurre en un México muy distinto al que él conoció y gobernó,
pero también en uno que sigue arrastrando viejos males: corrupción, violencia e
impunidad. La ironía es inevitable: los políticos pasan, los discursos se
archivan, pero los problemas parecen tener una longevidad mucho mayor.
Francisco Barrio Terrazas se va dejando un legado abierto a interpretación,
como casi todo en la política. Hoy, más que balances definitivos, su muerte
invita a una reflexión incómoda pero necesaria: el poder cambia de manos, pero
la historia siempre termina pasando factura.

