A partir del 1 de enero de 2026, Corea del Sur pondrá en marcha una reforma
que muchos consideran tardía, pero necesaria. Se trata de la llamada “Ley Goo
Hara”, una modificación clave al Sistema Nacional de Pensiones que impedirá
que padres ausentes o negligentes reciban beneficios económicos tras la
muerte de sus hijos. Una medida que toca fibras sensibles y redefine el
concepto de responsabilidad familiar.
La ley lleva el nombre de Goo Hara, cantante de K-pop cuya muerte en 2019
desató una fuerte indignación social cuando se supo que su madre, ausente
durante gran parte de su vida, tenía derecho legal a heredar parte de su
patrimonio. El caso provocó protestas, debates públicos y una pregunta
incómoda: ¿puede alguien beneficiarse de un vínculo que nunca cuidó?
Con esta reforma, el Estado surcoreano responde con claridad. Si un padre o
madre no cumplió con sus deberes básicos —como crianza, apoyo económico o
cuidado—, perderá el derecho a recibir pensiones, herencias o beneficios
derivados del fallecimiento del hijo. No se trata de castigo simbólico, sino de
una redefinición legal de lo que significa ser responsable.
La medida ha sido ampliamente respaldada por la opinión pública,
especialmente por generaciones jóvenes que cuestionan estructuras familiares
tradicionales que, en muchos casos, protegían más al adulto ausente que al hijo
abandonado. Para ellos, la ley no rompe la familia: corrige una injusticia
histórica.
Como era de esperarse, también surgieron críticas. Algunos sectores advierten
sobre la dificultad de probar la negligencia parental y el riesgo de conflictos
legales prolongados. Sin embargo, el consenso general apunta a que el sistema
necesitaba un ajuste urgente.
La Ley Goo Hara marca un precedente importante en Asia y más allá. No solo
modifica reglas administrativas, sino que envía un mensaje contundente: la
filiación no se hereda por apellido, se construye con presencia.
Desde 2026, Corea del Sur deja claro que el abandono no genera derechos. Y
eso, para muchos, ya es un avance enorme.

