Cuando uno piensa en peleas legendarias, tal vez vienen a la mente Godzilla vs.
Kong… pero honestamente, The Police está dando un show igual de épico, solo
que con menos monstruos y más abogados. Resulta que Sting, sí, el mismísimo
compositor zen, ambientalista y aparentemente millonario inagotable, acaba de
pagar cerca de $800,000 dólares a sus excompañeros de banda Andy Summers
y Stewart Copeland. Todo muy bonito, muy conciliador… hasta que llegó el plot
twist: ellos quieren más de $2 millones adicionales.
La disputa no es nueva, porque si algo ha demostrado la historia del rock es que
las regalías son más tóxicas que cualquier relación de adolescentes. Summers
y Copeland afirman que Sting ha recibido beneficios desproporcionados por el
catálogo de The Police, ese mismo catálogo que nos dejó rolones como “Every
Breath You Take”, canción perfecta para acosadores sentimentales y exnovios
obsesivos desde 1983.
La banda, que no se junta ni por accidente en un elevador, ahora revive viejas
heridas por temas legales que llevan años dando vueltas. Y aunque Sting soltó
un “pago significativo”, sus excolegas dicen: “Gracias, pero no, joven. Nos falta
lo demás”.
El problema central: los derechos y la distribución de regalías por algunas de
las canciones históricas del grupo. Ellos aseguran que el modelo actual no
refleja la realidad de la contribución musical; Sting, por su parte, mantiene su
postura: “Yo puse más, yo cobro más”.
Mientras tanto, los fans estamos aquí, palomitas en mano, viendo cómo una de
las bandas más influyentes del rock termina convertida en un episodio
extendido de “Caso Cerrado, edición British”.
¿En qué terminará? Si algo es seguro, es que Sting seguirá pudiendo pagar
cuentas sin ver el total, y Summers y Copeland no piensan soltar el pleito hasta

que el juez apague las luces. Porque si ya sobrevivieron a gira, fama, drama y
egos, ¿cómo no van a sobrevivir a un juicio?

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