El Senado volvió a prenderse, y no por un debate profundo sobre el futuro del
país, sino por algo que afecta a absolutamente todos: el registro obligatorio de
líneas móviles. Los senadores del PRI salieron con todo y exigieron
suspenderlo, argumentando que la medida “vulnera datos personales” y pone a
millones en riesgo de extorsión, robo de identidad… y hasta posibles actos de
espionaje.
Sí, espionaje. Porque si no hay drama político, ¿para qué hacemos política en
México?
El argumento del gobierno es simple: registrar las líneas ayuda a combatir
delitos como extorsiones y fraudes telefónicos. El argumento del PRI es igual de
simple: no gracias, no queremos entregar datos personales como si fueran
cupones de supermercado.
Los senadores advierten que el registro creará una base de datos gigantesca,
súper jugosa para ciberdelincuentes, hackers aficionados, exnovios tóxicos con
habilidades de informática y hasta para funcionarios con ganas de pasarse de la
raya. Señalan que sin controles judiciales claros, cualquier autoridad podría
acceder a la información sin transparencia, lo que convierte a los usuarios en
potenciales blancos de espionaje “legal” o no tan legal.
Además, dicen que en un país donde los datos se filtran más rápido que los
trailers de películas, confiar en que esa base será segura es tener una fe casi
religiosa. Porque si ya se han filtrado bases de datos del padrón electoral, del
sistema de salud, del SAT y hasta de aplicaciones privadas… ¿qué garantiza que
la de teléfonos será diferente?

En redes sociales, la gente está igual de dividida:
– Algunos dicen que el registro es una medida necesaria contra el crimen.
– Otros ven un riesgo enorme para la privacidad.
– Y muchos simplemente comentan: “Yo ni confié en Google, ¿cómo voy a
confiar en el gobierno?”.
El debate apenas comienza, pero el choque entre seguridad y privacidad vuelve
a ocupar la conversación nacional. El PRI asegura que defenderá a los usuarios
“hasta las últimas consecuencias”. El gobierno insiste en que la medida es
indispensable.
Sea cual sea el desenlace, lo cierto es que millones de usuarios están en medio
del fuego cruzado… con su número de celular como botín.

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