La historia de los mineros presuntamente secuestrados en Sinaloa tiene un
elemento que ya se volvió costumbre en los discursos oficiales: la confusión.
Según explicó el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García
Harfuch, los trabajadores habrían sido “confundidos” con integrantes de un
grupo criminal antagónico. Un error, dice la autoridad. Un “malentendido”
armado.
De acuerdo con Harfuch, tras las investigaciones iniciales se determinó que los
mineros no eran el objetivo real del grupo delictivo que los interceptó, sino que
habrían sido privados de la libertad por una confusión en medio del contexto de
violencia que se vive en la región. Hasta ahí, la explicación suena casi
administrativa: una equivocación más en una zona donde las balas suelen llevar
la agenda.
Sin embargo, hay un detalle que incomoda y que no pasa desapercibido: no
existía ninguna denuncia formal por parte de la empresa minera. Es decir,
mientras el país hablaba de un posible secuestro múltiple, las autoridades no
contaban con un reporte oficial que activara los protocolos correspondientes.
Nadie denunció. Nadie avisó. Nadie levantó la mano.
El funcionario explicó que fue a partir de labores de inteligencia y seguimiento
en la zona que se tuvo conocimiento del caso, lo que abre más preguntas que
respuestas: ¿por qué la empresa no denunció?, ¿los familiares de los mineros
sabían lo que ocurría?, ¿cuántos casos similares pasan desapercibidos porque
no hay una denuncia de por medio?
Harfuch aseguró que los trabajadores fueron localizados con vida y que se
continúa investigando el contexto en el que ocurrieron los hechos. Aun así, el
episodio deja al descubierto una realidad incómoda: en algunas regiones del
país, la línea entre un “error” y un delito grave es tan delgada como peligrosa.
Mientras tanto, la violencia sigue normalizándose bajo explicaciones que
buscan cerrar el caso antes de abrir un debate más profundo. “Fueron
confundidos”, dicen. Como si en un entorno de inseguridad permanente, la
confusión fuera un daño colateral aceptable.

