Ni rápido ni espectacular. Ovidio Guzmán, uno de los líderes de Los Chapitos,
deberá esperar hasta finales de julio para conocer su sentencia en Estados
Unidos. Así lo determinó la corte estadounidense, prolongando un proceso que,
aunque ya tiene culpable confeso, sigue avanzando a paso calculado.
El hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán se declaró culpable en 2025 de cargos
relacionados con crimen organizado y tráfico de drogas. Una admisión que, en
teoría, acercaba el desenlace del caso. Pero en la práctica, la justicia
estadounidense prefiere revisar cada detalle antes de dictar sentencia
definitiva. Sin prisas, sin atajos.
La audiencia de sentencia estaba prevista para realizarse antes, pero fue
reprogramada para finales de julio, lo que significa que Ovidio permanecerá bajo
custodia mientras se definen los términos de su castigo. A diferencia de los
operativos caóticos que marcaron su captura en México, este tramo de la
historia se desarrolla en silencio, entre expedientes, abogados y negociaciones
judiciales.
Para las autoridades estadounidenses, el caso no solo es simbólico, sino
estratégico. Guzmán López representa una pieza clave dentro del engranaje del
narcotráfico internacional, y su cooperación —si es que existe— podría tener
implicaciones más amplias que una sola sentencia.
Mientras tanto, el contraste es evidente: en México, su nombre quedó ligado a
jornadas de violencia y bloqueos; en Estados Unidos, su destino se decide en
salas sin cámaras, lejos del ruido y del fuego cruzado. Dos países, dos formas
de enfrentar al mismo personaje.
Ovidio ya aceptó su responsabilidad. Lo que falta saber es cuántos años costará
esa confesión. La cuenta regresiva sigue, pero la justicia, como suele ocurrir,
avanza a su propio ritmo.

