En un país donde cada nombre cuenta, la plataforma de registro de personas
desaparecidas tiene problemas. No es una opinión de colectivos ni una
denuncia aislada: lo reconoció la propia presidenta Claudia Sheinbaum, quien
confirmó que el sistema presenta inconsistencias que ya están siendo
revisadas. Traducido: el registro está ahí, pero no está cumpliendo como
debería.
Durante su declaración, Sheinbaum señaló que la plataforma —pensada para
centralizar información clave sobre personas desaparecidas— enfrenta fallas
técnicas y errores en los datos. Problemas que, en un tema tan delicado, no son
simples detalles administrativos, sino obstáculos reales para la búsqueda y la
justicia.
La mandataria aseguró que su gobierno ya trabaja en la revisión del sistema
para corregir duplicidades, datos incompletos y desactualización de
información. Un reconocimiento poco común en un tema que suele manejarse
con discursos defensivos. Sin embargo, admitir el problema no lo resuelve
automáticamente.
Organizaciones de familiares y colectivos de búsqueda han señalado desde
hace tiempo que el registro no refleja la realidad del país. Casos que no
aparecen, nombres repetidos, fechas que no coinciden. Un rompecabezas mal
armado en un contexto donde cada error duele doble.
Sheinbaum subrayó que la intención es fortalecer la plataforma para que
funcione como una herramienta útil y confiable. Porque sin datos claros, no hay
política pública eficaz, y sin confianza, no hay colaboración ciudadana. El reto
no es menor: se trata de ordenar una base de datos que representa ausencias,
historias truncadas y familias en espera.
El problema no es solo tecnológico. También es humano. Detrás de cada
“inconsistencia” hay alguien buscando a alguien. Por eso, aunque la revisión es
necesaria, llega tarde para miles.

La plataforma será corregida, prometen. Mientras tanto, las familias siguen
haciendo lo que el sistema no logra: buscar, preguntar y no olvidar. Porque
cuando el registro falla, la memoria se vuelve la única base de datos confiable.

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