La política mexicana tiene memoria larga… y egos más largos.
Jesús Ramírez Cuevas, exvocero de la Presidencia, respondió con dureza a los
señalamientos de Julio Scherer Ibarra, quien en su libro “Ni venganza ni perdón”
revela episodios incómodos sobre la relación dentro del círculo más cercano al
expresidente Andrés Manuel López Obrador.
La reacción no fue diplomática.
Ramírez calificó la publicación como un “pasquín inmundo”, dejando claro que
la disputa ya no es discreta ni interna. Es pública. Y es frontal.
El libro de Scherer promete abrir la puerta a detalles sobre tensiones,
desacuerdos y dinámicas de poder en el entorno presidencial. No es cualquier
testimonio: proviene de alguien que ocupó un lugar estratégico en la
administración pasada.
Y ahí está el punto sensible.
Cuando las diferencias salen a la luz después del poder, el debate ya no es solo
político: es personal. Las memorias suelen ser selectivas, pero también
reveladoras. Y en este caso, el señalamiento apunta a cómo se tejieron alianzas
y rupturas dentro del grupo más cercano al entonces presidente.
La respuesta de Ramírez no solo busca desacreditar el contenido, sino también
el tono y la intención del libro. Llamarlo “pasquín” implica restarle seriedad.
Llamarlo “inmundo” eleva el conflicto.
La pregunta inevitable es:
¿Estamos ante una versión incómoda de la historia o ante un ajuste de cuentas
editorial?
En política, el poder une mientras existe… y divide cuando termina.
Lo cierto es que el círculo cercano al expresidente vuelve al centro del debate
público. Y esta vez, no por discursos oficiales, sino por páginas impresas.
Porque cuando los protagonistas escriben su versión, la historia deja de ser
unánime.

