Con Elvis Presley de fondo y una sonrisa que no cabía en la pista, el mexicano
Donovan Carrillo volvió a hacer lo que mejor sabe: romper límites.
En los Juegos Olímpicos de Invierno de Juegos Olímpicos de Invierno de Milano
Cortina 2026, Carrillo encaró la segunda final olímpica de su carrera y cerró su
participación con 143.50 puntos. No fue solo una calificación: fue un mensaje.
Porque en un país donde el hielo suele estar en los vasos y no en las pistas,
Donovan ha construido su carrera a contracorriente. Sin la infraestructura de
potencias invernales, pero con una disciplina que derrite cualquier excusa.
Su rutina, acompañada por el inconfundible ritmo de Elvis, combinó técnica y
carisma. Cada salto fue una declaración; cada giro, una reafirmación de que el
talento mexicano también se desliza sobre cuchillas.
Al final, más allá del lugar en la tabla, quedó la sensación de misión cumplida.
Donovan no solo compite: inspira. A jóvenes que sueñan en disciplinas poco
comunes y a quienes creen que el deporte mexicano tiene límites geográficos.
Milano-Cortina fue su escenario. Elvis, su cómplice. Y la historia, otra vez, su
testigo.

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