Cuando la política mexicana parece tranquila… alguien lanza una acusación y el
tablero vuelve a moverse. Esta vez, la presidenta nacional de Morena, Luisa
María Alcalde, salió en defensa del Coordinador de Asesores de la Presidencia,
Jesús Ramírez Cuevas, luego de que el exconsejero jurídico del expresidente
López Obrador, Julio Scherer Ibarra, lo acusara de operar simpatías para
impulsar la candidatura de Clara Brugada Molina.
Sí, la grilla interna también tiene temporada alta.
Scherer Ibarra señaló que Ramírez Cuevas habría movido piezas para favorecer
políticamente a la actual Jefa de Gobierno de la Ciudad de México. Las
acusaciones no tardaron en escalar en medios y redes sociales, reavivando
tensiones entre antiguos aliados del movimiento.
La respuesta de Alcalde fue directa: defendió la trayectoria de Ramírez Cuevas
y rechazó los señalamientos, calificándolos como infundados. En su
posicionamiento, subrayó la unidad del partido y cerró filas en torno al equipo
presidencial.
El episodio deja ver que, aunque Morena mantiene el poder político, las disputas
internas no desaparecen; simplemente cambian de escenario. Las acusaciones
públicas entre figuras que formaron parte del mismo proyecto evidencian
fracturas que antes se manejaban en privado.
En el fondo, el debate gira en torno a la influencia política, la operación
territorial y las estrategias de posicionamiento rumbo a procesos electorales.
Lo que antes era coordinación, hoy algunos lo llaman “operación”.
La pregunta inevitable es si estas diferencias quedarán en declaraciones
cruzadas o si escalarán a un conflicto mayor dentro del partido.
Porque en política, los respaldos públicos suelen ser tan importantes como los
silencios.
Y esta vez, Morena eligió hablar… fuerte y claro.

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