Porque en México la política nunca deja de sorprender y a veces parece guion
de televisión, el diputado Sergio Mayer dejó temporalmente la Cámara para
participar en el reality show “La Casa de los Famosos”. Y cuando le preguntaron
a la presidenta Claudia Sheinbaum sobre el tema, su respuesta fue tan directa
como irónica: “¿Hay suplentes no?”.
Así, con una frase corta, justificó la salida del legislador, quien fue electo como
plurinominal, es decir, por lista partidista y no por voto directo en distrito.
Mayer se aparta de su labor legislativa para concursar en un programa de
entretenimiento que, digamos, no figura precisamente en el manual de
funciones del Congreso.
La mandataria federal evitó profundizar en el debate sobre si es correcto o no
que un representante popular deje sus responsabilidades para ingresar a un
espectáculo televisivo. En su lugar, enfatizó que existen mecanismos legales
—como la figura del suplente— para cubrir la ausencia.
La reacción en redes fue inmediata. Algunos defendieron el derecho del
diputado a participar en actividades privadas mientras no viole la ley. Otros
cuestionaron la imagen que proyecta el Poder Legislativo cuando uno de sus
integrantes cambia el pleno por una casa vigilada 24/7.
El episodio abre una discusión incómoda pero necesaria: ¿hasta dónde llega la
libertad individual de un funcionario electo y dónde empieza la responsabilidad
pública? Porque si bien la ley contempla suplencias, la expectativa ciudadana
suele ser otra.
Mientras tanto, Mayer se prepara para convivir ante cámaras y competir por
popularidad, esta vez no en tribuna, sino frente al rating.

En México, la política y el espectáculo parecen caminar cada vez más cerca. Y
a veces, cuesta distinguir cuál es cuál.

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