Por primera vez en la historia reciente, un ex presidente de Estados Unidos tuvo
que rendir declaración ante el Congreso. Y no fue por economía, guerra o
política exterior.
Fue por el caso Jeffrey Epstein.
El ex mandatario Bill Clinton aseguró que no tenía conocimiento de los delitos
cometidos por el fallecido financiero y sostuvo que dejó de relacionarse con él
antes de que los crímenes salieran a la luz pública.
“No tenía idea de los delitos que estaba cometiendo Epstein”, declaró Clinton
en su testimonio inicial ante un comité del Congreso que investiga el caso. “Ni
siquiera con la perspectiva que da el tiempo vi nunca nada que me hiciera
dudar”, agregó.
La comparecencia se realizó a puerta cerrada en Chappaqua, Nueva York, y
marca un hecho inédito: es la primera vez que un ex presidente estadounidense
se ve obligado a testificar ante legisladores en este tipo de investigación.
Hasta el momento, Clinton no ha sido acusado de ningún delito.
Sin embargo, su nombre apareció en registros de vuelos y fotografías
vinculadas a Epstein en el pasado, lo que alimentó durante años especulaciones
y cuestionamientos públicos. El ex presidente ha reiterado que sus
interacciones fueron limitadas y que desconocía cualquier conducta ilícita.
El caso Epstein sigue generando ondas expansivas en la política y la élite
estadounidense, tocando a figuras de alto perfil y reabriendo debates sobre
redes de poder, encubrimiento y responsabilidad.
En este contexto, la declaración de Clinton busca cerrar —o al menos
contener— un capítulo incómodo.
Pero cuando un ex presidente declara ante el Congreso por un caso de esta
magnitud, el mensaje es claro: la sombra del escándalo sigue siendo larga.

