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¡RUMBO A 2027 EN HIDALGO!
OPINIÓN DE: MARIA RESENDIZ

PACHUCA, HGO., 27 DE FEBRERO DE 2026
En el turbulento tablero político hidalguense, dos nombres han
tomado mayor relevancia y simbolizan, cada uno desde su propia
trayectoria, las tensiones y expectativas de la próxima contienda
electoral.
Por un lado, José Antonio Rojo García de Alba político de larga
trayectoria, heredero de una de las familias con mayor peso político en
Hidalgo, con múltiples cargos dentro del Partido Revolucionario
Institucional (PRI) y un pasado que lo llevó a ser diputado federal y
presidente estatal tricolor ha anunciado una pausa en su militancia
priista mientras evalúa su futuro político. En declaraciones recientes,
Rojo ha confirmado que considera la posibilidad de competir por la
gubernatura de Hidalgo si las condiciones políticas lo permiten, y ha
explorado acercamientos tanto con el Partido de la Revolución
Democrática (PRD) como con Movimiento Ciudadano (MC), buscando

construir un proyecto que rompa con la hegemonía de Morena en la
entidad.
Este movimiento, más allá de un simple cambio de afiliación,
simboliza la profunda fractura interna que enfrenta el PRI en Hidalgo: un
partido que alguna vez dominó la política estatal ahora ve cómo figuras
históricas como Rojo deben reinventarse fuera de sus siglas
tradicionales para mantener vigencia. Su apuesta aunque válida por
experiencia refleja también el desafío de articular una propuesta de
unidad opositora en un contexto donde Morena ha consolidado su fuerza
electoral.
Frente a este perfil tradicional, emerge una figura SIN
CONVICCIONES juvenil: Simey Olvera, candidata al Senado por la
coalición Sigamos Haciendo Historia y uno de los referentes más visibles
de Morena en Hidalgo. Primero se vio alzándole la mano a Xóchitl Galvez
y cruzando LOS DEDOS EN SEÑAL DE VICTORIA, LUEGO EN LAS FILAS
DEL PRI, PARA SIMEY Olvera ha REALIZADO una campaña basada en
el contacto directo con los ciudadanos, defendiendo valores centrales
del movimiento y proyectando una continuidad de la agenda
transformadora impulsada por su partido. Su gira por múltiples
municipios buscando consolidar apoyo popular evidencia una estrategia
que busca no solo ganar votos, sino fortalecer una narrativa de cambio y
justicia social en el estado.
La dualidad entre Rojo y Olvera representa más que dos
candidaturas: es un choque de paradigmas. El primero encarna a la vieja
guardia política que busca recomponerse y ofrecer una alternativa a
Morena desde la experiencia y las alianzas; la segunda, a una fuerza que
ha sabido capitalizar la movilización social y la identidad política de las
nuevas mayorías hidalguenses.
En este contexto, Hidalgo se convierte en un laboratorio de la
política mexicana: ¿será posible reconstruir un proyecto opositor sólido
alrededor de figuras como Politico de sepa José Antonio Rojo? ¿O la
polarización política social y el arraigo de Morena con candidaturas
como la de Olvera consolidarán un nuevo ciclo de dominio partidista? La
respuesta, que se dará en las urnas, definirá no sólo quién gobierna el
estado, sino qué tipo de política los hidalguenses quieren para su futuro.

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