La tensión en San Lázaro subió de nivel cuando jubilados de la Comisión Federal
de Electricidad, Petróleos Mexicanos y el extinto Banobras intentaron irrumpir
en la Cámara de Diputados.
No fue un acto impulsivo, fue la reacción acumulada de años de trabajo que hoy
sienten amenazados. La reforma al artículo 127, que plantea reducir pensiones,
encendió la indignación de quienes ya habían cerrado su ciclo laboral…
confiando en ciertas condiciones.
El intento de irrupción no solo refleja enojo, también desesperación. Porque
cuando se toca el ingreso de quienes ya no pueden volver al mercado laboral, el
margen de maniobra es prácticamente nulo.
El mensaje es claro: no se trata de números en una hoja, sino de vidas
completas.
Y cuando la política olvida eso, la calle se encarga de recordarlo.
