En Pachuca, cuando la seguridad falla, la solución parece ser siempre la misma:
cambiar al titular y esperar que, por arte de magia, todo funcione. Esta vez, el
elegido es Enrique Moronatti Miramontes, quien asume como nuevo secretario
de Seguridad Pública, Tránsito y Vialidad, en sustitución de Juan Manuel Ayala
Guarro. Sí, el mismo que hace apenas unos días salió en medio de
cuestionamientos nada menores.
El anuncio, como dicta el manual institucional, vino acompañado de un
currículum impecable. Más de 20 años de experiencia, paso por la Policía
Federal, participación en operativos de alto nivel, protección a funcionarios
importantes… en resumen, todo lo necesario para sonar convincente en un
comunicado.
Porque si algo no falla, es eso: los perfiles siempre son “sólidos”,
“experimentados” y “altamente capacitados”. Lo curioso es que la realidad en
las calles rara vez coincide con esas descripciones tan bien redactadas.
Moronatti no es ajeno al estado. Ha trabajado en Hidalgo, conoce el territorio y
ha formado parte de esquemas de seguridad relevantes. En teoría, eso debería
ser una ventaja. En la práctica, queda la duda de siempre: ¿conocer el problema
garantiza resolverlo?
El Ayuntamiento, por supuesto, no dejó pasar la oportunidad de agradecer a su
antecesor por su “labor en el fortalecimiento institucional”. Una frase elegante
que, traducida, podría significar cualquier cosa… incluso nada.
Mientras tanto, la estrategia se mantiene. Sí, la misma que ya estaba en
marcha. El famoso “mando coordinado” seguirá siendo la apuesta, ahora con un
nuevo rostro al frente. Porque claramente, el problema no era la estrategia…
sino quién la ejecutaba. O al menos, eso quieren hacer creer.
El discurso oficial habla de presencia territorial, cercanía con la ciudadanía y
atención directa. Conceptos que suenan bien, pero que llevan años repitiéndose
sin lograr disipar la percepción de inseguridad.
Así que Pachuca estrena secretario. Nuevo nombre, nueva cara, mismas
promesas.
La pregunta incómoda sigue ahí, intacta: ¿realmente cambiará algo… o solo
estamos ante otro relevo que maquilla el problema sin resolverlo?
Porque en materia de seguridad, los discursos sobran. Lo que falta —y con
urgencia— son resultados.

