Lo que comenzó como una protesta por vivienda terminó en una escena de
tensión, vidrios rotos y polvo de extintor en el aire. Integrantes de la Asamblea
de Barrios y del Frente de Organizaciones Sociales de Azcapotzalco llevaron sus
demandas hasta el Congreso de la Ciudad de México… pero no se quedaron solo
en consignas.
La movilización tenía un objetivo claro: exigir atención a problemáticas
relacionadas con vivienda. Sin embargo, la situación escaló cuando los
manifestantes intentaron ingresar al recinto legislativo, ubicado en Donceles,
en el Centro Histórico.
La respuesta fue inmediata: el personal de seguridad cerró los accesos para
evitar el ingreso. Y ahí, justo en ese punto, el diálogo dejó de existir.
Desde el interior del Congreso, se lanzó polvo de extintor hacia los
manifestantes, en un intento por frenar su avance. Una medida que, más que
contener la situación, la tensó aún más. El resultado fue un enfrentamiento que
dejó puertas dañadas, vidrios rotos y una escena que parecía más un disturbio
que una manifestación.
La ironía es evidente: ciudadanos exigiendo vivienda digna… enfrentándose a
puertas cerradas, literalmente.
Tras los momentos de mayor tensión, la movilización no se disolvió. Al
contrario, los manifestantes decidieron avanzar hacia el Zócalo capitalino, con
destino al Palacio de Gobierno de la Ciudad de México, donde continuarán su
protesta contra el Plan General de Desarrollo.
El episodio deja varias lecturas incómodas. Por un lado, la persistencia de
demandas sociales que no encuentran respuesta efectiva. Por otro, la
incapacidad de generar canales de diálogo que eviten que las protestas escalen
a confrontaciones.
Porque cuando las puertas se cierran, la presión no desaparece… se acumula.
Y en este caso, terminó rompiendo más que el vidrio.

