El gobierno mexicano volvió a hacer ese curioso equilibrio político que ya
domina: rechazar… pero colaborar.
Rosa Icela Rodríguez fue clara. México no está de acuerdo con las conclusiones
del informe de la ONU sobre desapariciones forzadas. Pero eso sí, recibirá con
los brazos abiertos al Alto Comisionado.
¿Contradicción? No exactamente. Es más bien una estrategia.
Por un lado, el gobierno evita aceptar un diagnóstico internacional que podría
golpear su narrativa. Por otro, mantiene la puerta abierta para no romper
relaciones ni quedar como un actor cerrado.
La visita de Volker Türk será clave. No solo por lo que diga, sino por lo que el
gobierno mexicano esté dispuesto a escuchar… o ignorar.
El tema no es menor. Las desapariciones siguen siendo una herida abierta en el
país, más allá de discursos oficiales.
Y aquí viene lo incómodo: colaborar no significa reconocer. Y reconocer, en
política, cuesta mucho más que abrir la puerta.
México juega fino. Pero el problema sigue ahí.

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