El PRI enfrenta un duro golpe: el senador Néstor Camarillo renunció, provocando que el partido pierda su espacio en la Mesa Directiva del Senado.
Este movimiento debilita al tricolor en la toma de decisiones y abre oportunidades para que otros partidos tomen el control de comisiones clave.
Analistas aseguran que la renuncia refleja tensiones internas y falta de unidad dentro del PRI, que ahora debe reagruparse y definir su estrategia para no perder relevancia en la Cámara Alta. Mientras tanto, otros grupos parlamentarios podrían aprovechar la situación para incrementar su influencia en la agenda legislativa.
La salida de Camarillo marca un momento crítico para el PRI: un golpe a su liderazgo y visibilidad, con posibles repercusiones en futuras negociaciones y acuerdos políticos. La pregunta ahora es: ¿podrá el tricolor recuperarse y mantener su fuerza en el Senado?

