La justicia mexicana volvió a poner a Tomás Zerón de Lucio en el centro del huracán: un tribunal federal ratificó la orden de captura contra el exdirector de la Agencia de Investigación Criminal, acusado de tortura, desaparición forzada y manipulación de pruebas en el caso Ayotzinapa.

Mientras las familias de los 43 normalistas siguen esperando respuestas, Zerón permanece en Israel, convertido en el prófugo más incómodo del sexenio. Desde allá se resiste a pisar suelo mexicano, pese a las gestiones de la Fiscalía General de la República (FGR) para traerlo de regreso a rendir cuentas.

El exfuncionario es señalado como uno de los artífices de la llamada “verdad histórica”, aquella versión oficial que pretendía cerrar el caso y que hoy está prácticamente desmantelada. La ratificación de la orden de aprehensión confirma que el proceso judicial sigue firme y que las autoridades no tienen intención de soltarlo.

Sin embargo, la extradición sigue empantanada: México asegura que ya hay acuerdos internacionales, pero Israel aún no entrega a Zerón. Entre tanto, los padres de los normalistas insisten en que su captura es clave para destrabar uno de los episodios más oscuros de la historia reciente del país.

Con esta decisión, el mensaje es claro: Tomás Zerón no se salva, y tarde o temprano tendrá que enfrentar a la justicia mexicana.

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