SOLIDARIDAD MEXICANA Y LIDERAZGO PRESIDENCIAL ANTE LA TRAGEDIA
OPINIÓN DE: MARIA ALBERTINA
PACHUCA, HGO., 17 DE OCTUBRE DE 2025
México vuelve a demostrar que, incluso en los momentos más
obscuros, su mayor fuerza está en su gente. Tras el paso del huracán
Priscila, que dejó destrucción y dolor en diversos estados del país, la
respuesta solidaria del pueblo mexicano y la coordinación entre
autoridades civiles y militares se han convertido en ejemplo de unión
nacional frente a la adversidad.
Las imágenes que han recorrido el país muestran a comunidades
enteras unidas para enfrentar las consecuencias del desastre: familias
que comparten lo poco que tienen, jóvenes voluntarios que ayudan a
rescatar enlodadas viviendas y vecinos que, sin esperar órdenes,
reparten comida y agua a los más afectados.
En los municipios de la Sierra Norte de Puebla, Veracruz e Hidalgo,
donde las lluvias arrasaron caminos, viviendas y cosechas, las historias
de solidaridad son incontables. “Perdimos todo, pero no estamos solos”,
dice una vecina de Huachinango, mientras sostiene la mano de un
soldado que ayuda a retirar escombros.
A pesar de las víctimas mortales y los daños materiales, el espíritu
mexicano ese que siempre resurge entre el lodo y la tragedia ha vuelto a
brillar con fuerza.
El Ejército Mexicano ha sido uno de los pilares en esta
emergencia. Desde los primeros reportes de desastre, la Secretaría de la
Defensa Nacional (Sedena) desplegó el Plan DN-III-E, movilizando tropas,
maquinaria y apoyo aéreo para llegar a las comunidades más aisladas.
En coordinación con la Secretaría de Marina y Protección Civil, los
soldados no solo han rescatado a cientos de personas, sino que han
instalado albergues, distribuido víveres y trabajado codo a codo con los
habitantes locales.
En redes sociales y en las calles, los mensajes de gratitud se
repiten: “Gracias a los militares que no se rinden”, “Gracias por llegar
donde nadie más llega”. El reconocimiento al Ejército, tantas veces
silencioso, hoy se convierte en símbolo de esperanza.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha encabezado la estrategia
nacional de atención a la emergencia con una coordinación que, según
analistas y autoridades locales, permitió una respuesta más rápida y
estructurada que en desastres anteriores.
Desde los primeros días, Sheinbaum visitó las zonas afectadas,
evaluó daños y ordenó la movilización inmediata de recursos federales.
En sus declaraciones, subrayó que “el dolor de un pueblo solo se alivia
con la presencia del Estado y la solidaridad entre mexicanos”.
El Gobierno federal, junto con las fuerzas armadas y gobiernos
estatales, activó planes de apoyo para restablecer caminos, reconstruir
viviendas y garantizar el suministro de alimentos y medicinas.
Esa coordinación visible entre instituciones Presidencia, Defensa,
Marina y Protección Civil ha sido destacada incluso por sectores
críticos, que reconocen la eficiencia y el tono humano con que se ha
manejado la tragedia.
En las comunidades de la Sierra Norte, una de las zonas más
afectadas por Priscila, la gente no oculta la tristeza por lo perdido, pero
también muestra admiración por quienes no los han dejado solos. En
pueblos de Puebla, Veracruz e Hidalgo, y ante los cientos de
comunidades incomunicadas la presencia de soldados, médicos y
voluntarios se ha convertido en símbolo de consuelo.
“Nos ayudaron a sacar a los niños cuando el río se desbordó. Nos
dieron cobijas y comida. No tenemos palabras”, dice una habitante de
Zacualtipán. Historias como la suya se repiten en los albergues, donde la
gente llora, agradece y reconstruye su esperanza.
México vuelve a demostrar que ninguna tormenta puede destruir
su espíritu solidario. El dolor por los muertos y las pérdidas materiales
es inmenso, pero también lo es la fuerza de un pueblo que, entre
lágrimas, levanta casas, limpia caminos y comparte lo que tiene.
El liderazgo de la presidenta Sheinbaum, la entrega del Ejército y
la solidaridad civil forman un frente común que, una vez más, confirma
que México no se rinde, se levanta.

