El gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, lanzó una acusación que
resonó más fuerte que un informe financiero: aseguró que Carlos Manzo dejó en
“quiebra técnica” al ayuntamiento de Uruapan durante su administración. Y
aunque el término suena elegante, lo que implica es todo menos glamuroso:
deudas, falta de liquidez, compromisos sin respaldo y un municipio que,
básicamente, no puede respirar sin pedir prestado.
Ramírez Bedolla detalló que el municipio enfrenta un desorden financiero que no
se generó solo, sino que —según él— responde a decisiones opacas, gastos
excesivos y compromisos adquiridos sin claridad. El señalamiento no cayó en
saco roto: la administración actual ya analiza cómo absorber los pasivos y, al
mismo tiempo, cómo mantener operativos los servicios básicos sin paralizar el
ayuntamiento.
La bomba estalló en medio de un contexto en el que el nombre de Carlos Manzo
ya circula por otras razones: investigaciones, señalamientos y un clima político
que no le ayuda. Estas declaraciones del gobernador solo agregan más presión
a un exfuncionario que, lejos de pasar desapercibido, sigue acumulando
titulares poco amables.
De acuerdo con Ramírez Bedolla, la situación financiera en Uruapan es tan
complicada que incluso se registran compromisos económicos que no cuentan
con respaldo presupuestal suficiente. Es decir, el municipio habría prometido
pagar cosas para las cuales simplemente no había dinero. Y eso, para efectos
prácticos, se llama mala administración.
El gobernador insistió en que se revisarán las cuentas, los contratos y las
decisiones tomadas en la administración pasada para determinar si existen
responsabilidades administrativas o incluso legales. Mientras tanto, la
administración actual trabaja bajo el doble reto de reordenar finanzas y
recuperar la confianza ciudadana.
La oposición, por supuesto, no tardó en responder. Algunos actores señalaron
que el anuncio tiene tintes políticos y que se debe esperar a que los órganos de
fiscalización concluyan sus auditorías. Pero, en cualquier caso, el daño está
hecho: la palabra “quiebra” ya quedó atada al nombre de Carlos Manzo en el
imaginario público.
Lo que sigue ahora es un proceso de revisión minuciosa que dirá si el
ayuntamiento puede recuperarse pronto o si el desastre financiero va a
perseguir a Uruapan durante más años.

