La COP30, celebrada en Belém, cerró con un acuerdo considerado mínimo por
críticos y analistas, ya que evita mencionar explícitamente la salida de las
energías fósiles, pese a la presión de países como Colombia y la Unión Europea.
El resultado genera preocupación entre ambientalistas, que esperaban
compromisos más firmes para combatir el cambio climático y acelerar la
transición hacia energías limpias. Los delegados se comprometieron a metas
generales, pero sin comprometerse a plazos concretos ni a reducir
drásticamente la dependencia de combustibles fósiles.
En redes sociales, el cierre de la COP30 generó debate, críticas irónicas y
memes sobre la “eficacia” de los acuerdos internacionales. Expertos advierten
que, aunque los compromisos son un paso, la acción real sobre el terreno aún
queda pendiente.
