La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) volvió a colocarse en el
centro del debate público, ahora por la nueva convocatoria a una Marcha de la
Generación Z, cuya autoría nadie asume… ni siquiera la propia universidad. La
rectoría informó que desconoce completamente quién está detrás del llamado
que circula en redes sociales, a pesar de que el cartel utiliza colores, lenguaje y
estética que recuerdan a los movimientos estudiantiles universitarios.
En un comunicado breve —y bastante diplomático— la institución aclaró que no
respalda ni organiza dicha movilización, subrayando que cualquier
manifestación estudiantil debe surgir de los propios alumnos y ser comunicada
por los canales tradicionales. Sin embargo, lo que más generó ruido fue la frase
final: la UNAM advirtió contra la “difusión de convocatorias apócrifas que
buscan confundir a la comunidad universitaria”. Traducción libre: alguien quiere
colgarse del nombre de la UNAM para mover masas juveniles.
La falta de claridad sobre los convocantes levanta sospechas en distintos
frentes. Algunos analistas señalan que podría tratarse de grupos políticos
intentando aprovechar el impulso generado por la reciente marcha juvenil en la
CDMX; otros apuntan a colectivos digitales sin representación orgánica que
buscan replicar el impacto viral del movimiento original. Y claro, no falta quien

asegura que es una estrategia para desacreditar a la Generación Z,
presentándola como “manipulable” o “sin liderazgo real”.
Mientras tanto, entre el estudiantado reina la confusión: unos celebran que “la
UNAM no se deje usar”, otros se preguntan si la universidad está intentando
desmarcarse para evitar conflictos en plena tensión política. Lo único certero
es que nadie sabe quién está convocando, pero todos están hablando del tema.
En redes, el anuncio ya se volvió combustible para la polarización nacional.
Para cierto sector, esto demuestra que la raíz del movimiento Gen Z es más
ciudadana que estudiantil; para otros, es evidencia de que hay manos externas
queriendo explotar el descontento juvenil. Como era de esperarse, la discusión
pasó de “¿quién convoca?” a “¿quién manipula?” en menos de 24 horas.
Por ahora, la UNAM optó por una posición prudente: no prohíbe la marcha, no la
crítica, no la avala. Solo pide que no usen su nombre para causas que no surgen
de ella. Y en un país donde todo se politiza, ese simple mensaje dice más que
cualquier discurso.

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