La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) decidió cerrar el año
demostrando por qué sigue siendo el gigante académico del país: entregó 14
doctorados honoris causa a personalidades nacionales e internacionales cuyas
trayectorias han marcado ciencia, arte, salud y pensamiento social. Una
ceremonia que, como siempre, deja claro que mientras la política presume
logros, la academia simplemente los produce.
Entre los galardonados destacan Michelle Bachelet Jeria, expresidenta de Chile
y ex Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos; la física Una
Canger; el médico y exsecretario de Salud Julio Frenk Mora; el físico sueco Dag
Hanstorp; el jurista argentino Antonio María Hernández; y la destacada
astrofísica mexicana Estela Susana Lizano Soberón, figura clave en el estudio
de la formación estelar.
También fueron reconocidos:
Susana López Charretón, viróloga mexicana reconocida mundialmente
por su investigación sobre rotavirus.
María Emilia Lucio y Gómez Maqueo, pionera en psicología infantil y
educativa.
Alejandro Portes, sociólogo experto en migración y desigualdad.
Dani Rodrik, economista de Harvard conocido por sus críticas al
neoliberalismo global.
José Sarukhán Kermez, biólogo y exrector de la UNAM, impulsor de la
CONABIO.
Moisés Eduardo Selman Lama, destacado en el ámbito de la biología
molecular.
Soledad Alejandra Velázquez Zaragoza, referente en estudios feministas
y teoría de género.
Rafael Yuste, neurobiólogo español y uno de los líderes del proyecto
BRAIN en Estados Unidos.
En una época donde algunos presumen “títulos” obtenidos en universidades
inexistentes o en cursos exprés de cinco horas, la UNAM recuerda que el mérito
aún existe y que los doctorados honoris causa no son souvenirs políticos, sino
reconocimientos a investigaciones que cambian paradigmas completos.
El rector subrayó que la universidad honra a quienes han ampliado los límites
del conocimiento y cuyos aportes benefician directamente a la humanidad. La
ceremonia también reforzó el papel de la UNAM como referente regional en
ciencia, pensamiento crítico y formación de talento.
Mientras el país debate entre salarios mínimos, políticas públicas y
celebraciones adelantadas, la máxima casa de estudios se permite un lujo
distinto: celebrar la excelencia real, esa que no depende de encuestas, slogans
ni discursos, sino de décadas de trabajo.

