La presidenta Claudia Sheinbaum reafirmó que su plan para aumentar el salario
mínimo no debe asustar: según ella, no debilita la productividad de las
empresas ni provoca inflación.
En su más reciente conferencia, Sheinbaum explicó que el alza al salario se
analiza con rigor técnico: “no es algo que se decide a la ligera, sino con mesas
tripartitas que incluyen a trabajadores, empresas y el gobierno”, dijo, citando el
papel de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami).
La mandataria recordó su compromiso de que el salario mínimo alcance lo
equivalente a 2.5 canastas básicas, un objetivo que considera clave para
reducir la pobreza. Según su visión, ese aumento gradual debe darse con
responsabilidad, cuidando que no se dispare la inflación ni se afecte la
inversión.
En concreto, para 2025 su administración ya logró un incremento de 12 %,
llevando el salario mínimo general a 278.80 pesos diarios. Además, Sheinbaum
insistió en que los incrementos se han dado por consenso entre los tres
sectores (trabajo, empresa y gobierno), y que han sido positivos para la
economía.
Sobre el riesgo inflacionario, la presidenta fue muy clara: el aumento se aprueba
después de revisar estudios con la Secretaría de Hacienda y el Banco de
México. A su juicio, con esta estrategia el salario mínimo no solo mejora el
poder adquisitivo, sino que impulsa el consumo interno sin generar presiones
excesivas de precios.

Además, para 2026 Sheinbaum planteó otra alza del 12 %, siempre manteniendo
“la inflación en máximo 4 %” y sin sacrificar la productividad, como parte de su
plan para cumplir la meta de las 2.5 canastas básicas.
En resumen: para Sheinbaum, subir el salario mínimo es compatible con el
crecimiento económico. Su apuesta es que un salario digno no sea un freno,
sino un motor para mejorar la calidad de vida y fortalecer la economía sin
desencadenar inflación ni debilitar a las empresas.

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