El cielo entre México y Estados Unidos se ha convertido en un
nuevo frente de la guerra diplomática y comercial. El U.S. Department of
Transportation (DOT) anunció el pasado 28 de octubre la revocación de
la aprobación de 13 rutas operadas por aerolíneas mexicanas hacia
Estados Unidos, así como la suspensión de todo servicio combinado
(pasajeros + carga) desde el Aeropuerto Felipe Ángeles (AIFA) hacia ese
país, y el congelamiento de nuevos permisos de operación desde el
Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) hasta nuevo
aviso.
En un comunicado, el secretario de Transporte de EE.UU., Sean
Duffy, acusó al gobierno mexicano de “haber cancelado unilateralmente
e ilegalmente los vuelos de aerolíneas estadounidenses durante tres
años sin consecuencias”, mientras las compañías mexicanas expandían
su red hacia EE.UU. sin freno.
La orden del DOT señala que las autoridades mexicanas violaron el
Acuerdo de Transporte Aéreo México–Estados Unidos de 2015, al
permitir a las aerolíneas nacionales operar libremente mientras
bloqueaban o dificultaban el acceso de las estadounidenses al mercado
mexicano.
Entre las acciones incluidas está la propuesta de prohibir que las
aerolíneas mexicanas transporten carga en bodega (“belly cargo”) en
vuelos de pasajeros entre el AICM y EE.UU., lo cual profundiza el
impacto.
Las aerolíneas directamente citadas son Aeroméxico, Volaris y
Viva Aerobus. Este revés impacta tanto rutas ya en operación como las
que estaban aprobadas para inaugurarse desde el AICM y el AIFA.
El gobierno mexicano, a través de la Secretaría de Infraestructura,
Comunicaciones y Transportes (SICT), emitió un comunicado en el que
reafirma su compromiso con una aviación “segura, eficiente y
competitiva”, “con pleno respeto a la soberanía nacional”. Al mismo
tiempo, señaló que la suspensión afecta rutas iniciadas desde AIFA que
deberán cesar a partir del 7 de noviembre y que ya “no se aceptarán
nuevas solicitudes de rutas desde el AIFA o el AICM” hacia EE.UU. hasta
nuevo aviso.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, expresó su
desacuerdo con la medida y anunció que solicitará una reunión entre su
canciller y el secretario de Estado de EE.UU., al considerar que las
acciones de Washington constituyen “actos unilaterales. La medida
marca un claro giro en la relación aérea entre los dos países: no se trata
únicamente de vuelos cancelados, sino de una exigencia por parte de
Washington a que México cumpla estrictamente con lo pactado un
mensaje de “América Primero” que trasciende la aviación. Como dijo
Duffy: “Estas negociaciones son vinculantes… y el presidente Trump va a
hacer que se respeten”.
Esto abre la puerta a negociaciones tensas: México deberá decidir
si responde diplomáticamente, aplica represalias o cede ante las
exigencias para restablecer el acceso. Para EE.UU., se trata de proteger
a sus aerolíneas y asegurar que los acuerdos internacionales no queden
en letra muerta.

