Donald Trump volvió a hacer ruido en el tema México–Estados Unidos, y como
es costumbre, sin filtros. El expresidente estadounidense declaró que “no está
contento” con el combate que México ha hecho contra el narcotráfico, una frase
que reaviva tensiones diplomáticas y anticipa el tono que podría tomar su
discurso rumbo a 2026, donde la seguridad bilateral es su carta favorita para
generar titulares… y presión política.
Durante una intervención reciente, Trump aseguró que México “no ha hecho lo
suficiente” para frenar a los cárteles y que, de regresar a la Casa Blanca,
impulsaría medidas “más severas” para detener el flujo de drogas hacia
territorio estadounidense. Aunque no detalló cuáles serían esas acciones, sus
mensajes anteriores dejan claro que la postura podría ir desde sanciones
económicas hasta propuestas extremas como designar a los cárteles como
organizaciones terroristas o incluso realizar acciones militares unilaterales,
ideas que ya ha mencionado y que generan polémica en ambos países.
El gobierno de México respondió con mesura, señalando que la cooperación
bilateral continúa y que se han incrementado detenciones, decomisos y
acciones en territorio nacional. Funcionarios mexicanos calificaron las
declaraciones de Trump como “electoreras”, parte de su estrategia habitual
para endurecer su imagen ante su base política. Aun así, el comentario volvió a
abrir el debate sobre la percepción que Washington tiene del desempeño
mexicano en materia de seguridad.
Expertos en relaciones internacionales apuntan que Trump utiliza este tipo de
señalamientos para construir una narrativa de “mano dura” y para
responsabilizar a México de la crisis de opioides en Estados Unidos, pese a que
buena parte del consumo y distribución ocurre dentro de su propio territorio.

Aseguran que culpar a México es un recurso simbólico que funciona bien en
campaña, aunque complica el trabajo diplomático.
En México, las reacciones fueron mixtas. Mientras algunos ven las
declaraciones como una amenaza a la soberanía y una provocación innecesaria,
otros señalan que la presión estadounidense es constante sin importar quién
esté en la Casa Blanca. Lo que sí deja claro la postura del exmandatario es que
la relación bilateral seguirá marcada por el tema del narcotráfico, sin importar
si se trata de cooperación o confrontación.
Trump vuelve al mismo guion: críticas duras, advertencias y un mensaje que
busca impactar en su política interna. El problema, como siempre, es que ese
ruido político inevitablemente rebota en México.

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