La revocación de mandato presidencial, ese ejercicio que prometía poner en
manos de la ciudadanía el poder de decir “sí te quedas” o “no te queremos”,
acaba de sufrir un ajuste estratégico: se pospone hasta 2026. Y por si fuera
poco, ese mismo año coinciden las elecciones para renovar la Cámara de
Diputados y 17 gubernaturas. ¿Casualidad? Internet dice que no.
El anuncio vino del coordinador de Morena en el Senado, Ricardo Monreal, quien
confirmó que la discusión y posible aplicación se moverá dos años adelante.
Según el legislador, la intención es “ordenar los tiempos electorales” y evitar
choques institucionales, aunque en redes sociales muchos lo leyeron como un
movimiento político calculado.
Especialistas advierten que empatar la revocación con elecciones federales
podría convertir el proceso en un supercombo electoral, capaz de influir en
campañas, narrativas y resultados. Mientras tanto, la oposición acusa a Morena
de acomodar el calendario a conveniencia, y los simpatizantes del gobierno
sostienen que es una decisión técnica y necesaria.
Lo único seguro es que 2026 se perfila como un año cargado de urnas,
discursos, pleitos y plebiscitos, un megaevento electoral donde la revocación
será otro ingrediente explosivo.
