Mientras el Mundial de Futbol 2026 promete fiesta, goles y turistas de todo el
planeta, en la Ciudad de México ya empezó otro campeonato: el de los precios
inflados. Y en esa competencia, los chilangos van ganando por goleada. De
acuerdo con reportes del sector turístico, la capital mexicana registra el mayor
encarecimiento hotelero rumbo al Mundial, superando incluso a las sedes de
Estados Unidos y Canadá.
Sí, más caro dormir en la CDMX que en Nueva York, Toronto o Los Ángeles.
Bienvenidos a la gentrificación mundialista, donde una habitación promedio
parece cotizarse como palco VIP, aunque tenga vista… al estacionamiento.
Los incrementos no son menores ni discretos. En algunas zonas, los precios ya
muestran alzas de dos y hasta tres dígitos porcentuales en comparación con
tarifas habituales. Hoteles que antes eran “accesibles” ahora se venden como
experiencias premium, aunque el servicio siga siendo el mismo, solo que con
más demanda y menos paciencia.
En redes sociales, la reacción fue inmediata y sarcástica. “Sale más barato
volar, ver el partido y regresar el mismo día”, comentaban usuarios. Otros
acusaron directamente a la especulación y al clásico “porque se puede”. Porque
sí, cuando hay Mundial, hay turismo… y cuando hay turismo, alguien siempre
sube la tarifa sin culpa.
El fenómeno también está ligado a la gentrificación acelerada que vive la
ciudad desde hace años. Plataformas de hospedaje temporal, zonas
reconfiguradas para extranjeros y una oferta que prioriza al visitante con

dólares sobre el consumidor local. El Mundial solo vino a acelerar un proceso
que ya estaba fuera de control.
Comparado con las sedes estadounidenses y canadienses, donde existen
regulaciones más estrictas y una mayor oferta hotelera, la CDMX parece haber
optado por el modelo “todo lo que el mercado aguante”. El problema es que ese
mercado también incluye aficionados comunes, familias y turistas que no
planeaban hipotecar el viaje.
Autoridades turísticas han llamado a la “moderación”, una palabra que en
temporada de Mundial suele perderse entre signos de pesos y reservas
anticipadas. Porque cuando el balón rueda, el negocio también.
Así, antes de que suene el silbatazo inicial, la CDMX ya metió su primer gol. El
detalle es que fue en propia puerta. Porque atraer al mundo está bien, pero
cobrarle como si fuera millonario… no siempre es la mejor jugada.

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