En la política mexicana hay temas que nunca pasan de moda, y uno de ellos es
la revisión de contratos. Esta vez, el reflector apunta al Infonavit y a los
hermanos de Ricardo Crespo, luego de que la presidenta Claudia Sheinbaum
asegurara que revisará los contratos relacionados con el organismo de vivienda.
Una frase breve, pero suficiente para encender alarmas, levantar cejas y activar
el radar de la opinión pública.
Sheinbaum fue clara al afirmar que el caso será revisado, en un contexto donde
la transparencia ya no es un valor opcional, sino una exigencia permanente. Y
aunque no adelantó conclusiones ni culpables, el simple hecho de anunciar la
revisión marca un mensaje político directo: los contratos, vengan de donde
vengan, no están exentos del escrutinio.
El Infonavit, una institución clave para millones de trabajadores que sueñan con
una casa propia, ha sido históricamente terreno sensible. Cualquier señal de
posible irregularidad no solo afecta la imagen del organismo, sino también la
confianza de quienes depositan ahí sus aportaciones. Por eso, el vínculo con los
hermanos de un personaje público como Ricardo Crespo no pasa desapercibido.
Desde Palacio Nacional, la postura fue mesurada, casi quirúrgica. Nada de
juicios anticipados, pero tampoco silencio incómodo. La presidenta optó por
una fórmula conocida, aunque necesaria: revisar, analizar y, en su caso,

corregir. Porque en tiempos donde todo se cuestiona, no revisar también
comunica.
La promesa de revisión abre varios escenarios. Puede tratarse de un proceso
administrativo sin mayores consecuencias o de una investigación que derive en
responsabilidades más profundas. Por ahora, el mensaje es uno solo: no hay
contratos intocables.
En redes sociales, el tema no tardó en generar debate. Para algunos, se trata de
un acto de congruencia; para otros, de una reacción obligada ante la presión
mediática. Lo cierto es que el caso ya está en la agenda pública.
Al final, más allá de nombres y apellidos, lo que está en juego es la credibilidad
institucional. Y en ese terreno, la revisión no es un favor: es una obligación.

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