Lo que prometía ser adrenalina, tradición y fiesta terminó en una escena de
caos y sirenas. Un turista estadounidense fue embestido por un toro durante el
tercer encierro de la Huamantlada, en Tlaxcala, uno de los eventos más
conocidos —y polémicos— del calendario festivo en México. El hombre cayó al
suelo tras el impacto y sufrió múltiples fracturas, confirmaron autoridades
locales.
El incidente ocurrió en medio del recorrido, cuando el visitante se encontraba
cerca del paso de los toros. Testigos relataron que el animal lo embistió con
fuerza, lanzándolo varios metros y dejándolo inmóvil sobre el pavimento. En
segundos, el ambiente de celebración se transformó en tensión, mientras
asistentes gritaban y brigadistas intentaban abrir paso entre la multitud.
Paramédicos atendieron al turista en el lugar y posteriormente fue trasladado a
un hospital, donde permanece bajo observación médica. Aunque su estado se
reporta como estable, las lesiones son considerables, lo que reaviva el debate
sobre los riesgos reales de este tipo de eventos, donde la línea entre la
tradición y el peligro es extremadamente delgada.
La Huamantlada, inspirada en los encierros de Pamplona, atrae cada año a
miles de personas, muchas de ellas turistas que, en ocasiones, subestiman la
fuerza y el comportamiento de los toros. A pesar de las advertencias,
recomendaciones y operativos de seguridad, los accidentes continúan
repitiéndose con una regularidad que ya no sorprende.
Autoridades locales han insistido en que la participación es bajo
responsabilidad de los asistentes, pero cada herido vuelve a poner sobre la
mesa una pregunta incómoda: ¿vale la pena el riesgo? Para algunos, la
Huamantlada es identidad y tradición; para otros, una práctica peligrosa que
normaliza la exposición a un animal de más de 400 kilos en calles llenas de
gente.
Esta vez, el saldo no fue fatal, pero sí grave. Y mientras el turista se recupera
lejos de casa, el evento continúa, dejando claro que en la Huamantlada la
emoción dura segundos… pero las consecuencias pueden durar toda la vida.

