El Zócalo capitalino cambió por un momento los discursos políticos por páginas
impresas. Claudia Sheinbaum encabezó la entrega gratuita de libros del Fondo
de Cultura Económica (FCE) en la Plaza de la Constitución, una escena poco
común en un país donde leer sigue siendo un privilegio más que un hábito
masivo.
La iniciativa, impulsada desde el gobierno federal, busca acercar la lectura a
quienes históricamente han estado lejos de librerías y ferias culturales. Libros
sin costo, sin trámites y sin filtros. Solo llegar, elegir y leer. Algo tan simple que,
paradójicamente, resulta casi revolucionario.
Durante el evento, Sheinbaum destacó la importancia del acceso a la cultura
como un derecho y no como un lujo. En un espacio tradicionalmente ocupado
por marchas, mítines y celebraciones oficiales, los libros tomaron el centro,
enviando un mensaje simbólico: el conocimiento también puede llenar plazas
públicas.
El Fondo de Cultura Económica, conocido por su catálogo académico y literario,
ha apostado en los últimos años por ediciones populares y de bajo costo. La
entrega gratuita en el Zócalo es la versión más directa de esa política: eliminar
el precio como barrera de entrada.
No faltaron las críticas. Algunos señalaron el evento como propaganda, otros
cuestionaron si regalar libros realmente fomenta la lectura. Sin embargo, el
gesto deja una pregunta incómoda: ¿por qué molesta tanto que los libros
lleguen a más manos?
Las imágenes de personas hojeando títulos clásicos, ensayos y literatura
infantil contrastaron con la narrativa de que “nadie lee”. Tal vez el problema
nunca fue el desinterés, sino el acceso.
La entrega de libros no resolverá por sí sola los retos educativos del país, pero
sí deja una idea clara: cuando el conocimiento se pone al alcance, la plaza se
llena. Y eso, en tiempos de polarización, ya es bastante decir.

