México no está solo en materia de seguridad. O al menos, no del todo. La
Secretaría de Relaciones Exteriores confirmó que agencias de seguridad de 14
países, además de Estados Unidos, operan en territorio mexicano, una
revelación que suena menos a novedad diplomática y más a recordatorio
incómodo de cómo funciona hoy la cooperación internacional.
De acuerdo con la cancillería, en el país hay presencia de personal de China,
Corea del Sur, Alemania y prácticamente todas las instituciones del
Departamento de Justicia de Estados Unidos. La información se presentó como
parte de los mecanismos de colaboración bilateral y multilateral en temas como
combate al crimen organizado, intercambio de inteligencia y fortalecimiento
institucional.
En el discurso oficial, la cooperación se describe como técnica, regulada y bajo
acuerdos claros. En la percepción pública, sin embargo, la noticia despierta
preguntas inevitables: ¿hasta dónde llega esa colaboración?, ¿qué tanto control
tiene el Estado mexicano sobre estas operaciones?, ¿y en qué punto la
cooperación deja de ser acompañamiento para convertirse en dependencia?
La cancillería insistió en que estas agencias no actúan de manera autónoma ni
sustituyen a las autoridades nacionales, sino que operan en esquemas de
coordinación. Aun así, la lista de países involucrados y la amplitud de
instituciones estadounidenses presentes refuerzan una realidad difícil de
ignorar: el problema de la seguridad en México es tan complejo que rebasa
fronteras.
Estados Unidos destaca por su peso específico. La presencia de casi todo su
aparato de justicia en territorio mexicano confirma que el combate al
narcotráfico, al tráfico de armas y al lavado de dinero es un asunto compartido,
aunque no siempre equilibrado. Mientras tanto, la inclusión de países asiáticos
y europeos muestra que el fenómeno criminal ya no es local ni regional, sino
global.
El gobierno mexicano subraya que la soberanía no está en juego. Pero en un
país históricamente sensible a la intervención extranjera, el tema genera
debate, suspicacia y, por supuesto, ironía: México defendiendo su
independencia mientras comparte su estrategia de seguridad con medio mundo.
Cooperación sí, dependencia no… al menos en el discurso.

