El Mundial 2026 prometía ser una fiesta histórica: tres países sede, estadios
renovados y una celebración global del fútbol. Sin embargo, el entusiasmo se
desinfló rápidamente cuando se dieron a conocer los precios de los boletos,
considerados por muchos aficionados como excesivos.
Desde México hasta Europa y Sudamérica, seguidores del fútbol expresaron su
inconformidad en redes sociales. El reclamo es claro: el llamado “Mundial del
pueblo” parece diseñado solo para quienes pueden pagar precios elevados.
Hasta ahora, la FIFA no ha emitido una respuesta oficial que detenga o
modifique la venta de boletos. El silencio ha sido interpretado como
indiferencia, alimentando la percepción de que el negocio volvió a imponerse
sobre el deporte.
Familias completas, jóvenes y aficionados históricos aseguran que asistir a un
partido será un privilegio. El debate no es solo económico, sino emocional: un
Mundial sin su gente pierde su esencia.
Mientras la polémica crece, la FIFA sigue adelante. El balón aún no rueda, pero
la inconformidad ya está en la cancha.

Porelnuevograficodehidalgo

El Nuevo Gráfico de Hidalgo El Periodismo es una ventana hacia la historia, donde cada día se aprende