“¡AICM al borde del colapso glorioso! Preparan récord de 50 millones de
pasajeros por el Mundial”
El Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), ese sitio donde el
tiempo se detiene, las filas se eternizan y las maletas a veces toman
vacaciones imprevistas, ahora anuncia que podría recibir hasta 50 millones de
pasajeros en los próximos meses gracias al Mundial de Futbol. Sí, el mismo
aeropuerto que ya trabaja como si fuera un videojuego en modo “experto” ahora
se prepara para otro nivel de caos… perdón, de flujo “histórico”.
Las autoridades del AICM informaron que el aumento será impulsado por la
llegada de miles de viajeros internacionales que usarán la capital como punto
de entrada al país para presenciar los partidos del Mundial. Según su optimismo
institucional —que debería ser patrimonio cultural—, todo está fríamente
calculado para no solo recibirlos, sino hacerlo con eficiencia. O al menos, con el
mayor esfuerzo humano posible.
Este incremento no es menor: el AICM ya opera cerca de su límite físico desde
hace años, con infraestructura que envejece más rápido que un celular sin
funda. Aun así, aseguran que implementarán mejoras, reforzarán personal,
agilizarán procesos y, con suerte, reducirán el número de pasajeros corriendo
desesperados por los pasillos buscando su sala de abordaje.
El entusiasmo institucional es claro: lograr los 50 millones de pasajeros sería un
récord y una especie de medalla honorífica para el aeropuerto más transitado
del país. Pero no faltan los escépticos —que abundan— quienes señalan que
podría convertirse en un desafío monumental, especialmente en horarios pico
donde el AICM parece más una central camionera espacial que un aeropuerto
internacional.
Mientras tanto, aerolíneas, comercios y servicios se preparan con la esperanza
de una temporada alta que podría romper cajas registradoras. Restaurantes,
tiendas y transportistas anticipan una avalancha de clientes hambrientos de
tacos, souvenirs y taxis.
Lo cierto es que, entre pronósticos, ilusiones y advertencias, el AICM está a
punto de vivir uno de los momentos más intensos de su historia reciente. Si
todo sale bien, será un triunfo logístico. Y si no… bueno, siempre queda el
recurso nacional favorito: echarle la culpa al tráfico.

