El mundo de los exfuncionarios ligados a Genaro García Luna volvió a
encenderse como telenovela de horario estelar: Eduardo “N” fue enviado a
prisión preventiva por el delito de peculado. Sí, peculado, ese término que
suena a enfermedad exótica pero que en realidad significa “me llevé lo que no
era mío, pero del gobierno”.
La Fiscalía General de la República (FGR) acusa al excolaborador de participar
en un esquema de desvío de recursos que haría sonrojar a cualquier contador
honesto. El caso, como buena historia mexicana, viene acompañado de detalles
típicos: contratos “peculiares”, dinero que se esfumó como si fuera agua
caliente y nombres repetidos que ya parecen elenco fijo en esta serie de
política y corrupción.
Durante la audiencia, la defensa pidió la ya clásica duplicidad del término
constitucional, que en castellano significa: “señor juez, necesitamos más
tiempo para ver cómo salimos de ésta sin quedar tan mal”. El juez dijo que sí,
pero que mientras tanto Eduardo “N” se queda encerrado, no vaya a ser que se
distraiga y tome un vuelo internacional “por accidente”.
Este caso no está solo. De hecho, forma parte de una cadena de detenciones de
personajes cercanos al mismo García Luna —cuyo nombre aparece en noticias
con la misma frecuencia que el del clima— y que presuntamente firmaron
contratos poco transparentes que involucraban a empresas beneficiadas de
formas… digamos, “creativas”. Lo que debía ser una administración de recursos

se volvió una caja mágica: metes presupuesto público, sacas ganancias
privadas.
La FGR afirma que la red operaba desde posiciones de poder y aprovechaba la
estructura del sistema penitenciario para desviar dinero. Nada nuevo bajo el sol
mexicano, pero cada caso que cae es una pieza más en el rompecabezas de
corrupción más grande que muchos recuerdan.
El caso apenas se está cocinando, pero ya huele a juicio largo, notas diarias y
abogados sudando. Mientras la resolución final llega, Eduardo “N” duerme hoy
en un lugar distinto —uno con menos comodidades y más ecos de “¡señor
custodio!”. Y la opinión pública, claro, ya tiene nuevo capítulo para su drama
político favorito.

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