Lo que parecía un capítulo descartado de The Crown con tintes de House of
Cards ocurrió de verdad: Groenlandia y Dinamarca salieron a protestar en
conjunto para enviarle un mensaje clarito y sin subtítulos a Donald Trump:
“Hagamos que Estados Unidos se largue”. Sutiles no fueron.
Unas 15 mil personas, ondeando banderas de ambos territorios, tomaron las
calles para manifestarse luego de la ya famosa advertencia de Trump sobre su
intención de “apoderarse del país ártico”. Sí, apoderarse. Como si Groenlandia
fuera un terreno en venta por metro cuadrado o un souvenir para colocar en el
escritorio de la Casa Blanca.
La reacción ciudadana fue inmediata. En Copenhague, Nuuk y otras ciudades,
los manifestantes se armaron con pancartas irónicas, consignas llenas de
sarcasmo y suficientes banderas como para dar la vuelta al Ártico. La
indignación se mezcló con humor, porque parece que cuando la diplomacia se
vuelve absurda, la gente responde con creatividad.
La molestia no es menor. Para muchos habitantes de la región, la idea de que un
país extranjero —y en especial Estados Unidos— quiera controlar su territorio,
su identidad y sus recursos naturales es algo que ni en la peor distopía política
imaginaron. Pero Trump ha demostrado que sus deseos geopolíticos no conocen
límites… excepto cuando la gente sale a decirle que no.

Expertos señalan que Groenlandia tiene una enorme importancia estratégica
por su ubicación, recursos naturales y acceso al Ártico, lo cual podría explicar
por qué Trump insiste en verla como una especie de “oportunidad inmobiliaria”.
Pero para quienes viven ahí, su hogar no está en venta, ni en renta, ni disponible
en subasta pública.
Las imágenes de las protestas comenzaron a circular por redes sociales con
rapidez: familias completas, estudiantes, trabajadores, adultos mayores… todos
unidos en un mensaje que no necesita mucha interpretación. En pocas horas, el
hashtag #HandsOffGreenland se volvió tendencia internacional.
Mientras tanto, la diplomacia danesa respondió con la misma elegancia que la
protesta ciudadana: firme, directa y un poquito sarcástica. No todos los días un
presidente extranjero asegura que quiere apropiarse de tu territorio como quien
pide una pizza familiar.
Groenlandia ya lo dejó claro: no están buscando dueño nuevo.

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