Robbie Williams, el eterno chico malo del pop británico, ha decidido que ya es
hora de hacer historia… otra vez. Y es que, al parecer, no le basta con llenar
estadios, sobrevivir a las boy bands y conquistar playlists de varias
generaciones: ahora quiere romper el récord que durante décadas ha sido
prácticamente patrimonio nacional. Sí, el de The Beatles.
El cantante lanzará su nuevo álbum “BRITPOP”, y asegura que esta podría ser la
pieza que lo catapulte al Olimpo de los artistas con más discos número uno en
Reino Unido. Actualmente, Williams está peligrosamente cerca de igualar —y
superar— el récord de la banda de Liverpool, lo cual, para muchos británicos, es
casi tan sensible como cambiar la receta del té nacional o decir que el clima
británico es “agradable”.
Hay quienes piensan que Robbie está viviendo su era más ambiciosa, casi como
si buscara provocar un pequeño terremoto cultural: ¿cómo que alguien va a
vencer a los Beatles en su propia casa? Pues sí, Robbie quiere hacerlo, y lo está
diciendo sin rodeos. De hecho, varios críticos aseguran que “BRITPOP” es una
mezcla calculada de nostalgia, energía y puro deseo de romper marcas. Otros
opinan que el título es casi una declaración de guerra musical.
Los fans de Williams están eufóricos: llevan semanas inundando redes sociales
con mensajes como si se tratara de una final del mundial. Y claro, también
están los puristas beatlemaníacos, dispuestos a defender el legado de Lennon y
McCartney como si fuera una cuestión de seguridad nacional.
Lo cierto es que, más allá del drama, la rivalidad simbólica o los ataques de
nostalgia colectiva, el lanzamiento de “BRITPOP” podría convertirse en uno de
los momentos más comentados del año para la música británica. Si Robbie
Williams logra superar el récord… bueno, prepárense para ver lágrimas, memes
y columnas de opinión asegurando que “la música ya no es lo que era”.
Pero si no lo logra, también habrá material para titulares: la épica batalla del
pop moderno contra los intocables íconos del pasado.
Sea como sea, Robbie Williams ya ganó algo: volvimos a hablar de él como si
fuera 1999.

