En la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum —que ya es
prácticamente un reality político diario— el titular de la Secretaría de Educación
Pública (SEP), Mario Delgado, soltó la bomba educativa del día: en 2026 se
destinarán 4 mil 500 millones de pesos para fortalecer el bachillerato nacional.
Y sí, es tanto dinero que uno podría pensar que por fin los salones dejarán de
tener sillas cojas y proyectores que no sirven.
Según Delgado, el recurso permitirá apoyar a 6 mil 92 planteles públicos, un
número que suena enorme… porque lo es. La inversión forma parte del plan
federal para elevar la calidad del nivel medio superior y garantizar que más
jóvenes accedan a educación digna, completa y —con suerte— libre de goteras.
Pero eso no es todo. El secretario anunció que este mismo año se avanzará en
la inauguración de nuevas sedes de bachillerato en estados como Baja
California, Chihuahua, Guanajuato, Hidalgo, Estado de México, Nuevo León,
Jalisco, Querétaro, Puebla, Quintana Roo y Yucatán. En pocas palabras: el mapa
educativo se pondrá más lleno que el horario de un grupo de sexto semestre.
La apuesta del Gobierno federal apunta a ampliar la cobertura y mejorar la
infraestructura, un viejo pendiente en un país donde muchos planteles
sobreviven a base de creatividad, cooperaciones escolares y maestros que
hacen milagros con un plumón seco y un pizarrón de hace dos sexenios. Y sí, la
ironía es inevitable: siempre que se anuncia una inversión multimillonaria, los
estudiantes de escuelas olvidadas se preguntan si esta vez sí les tocará.
Mario Delgado subrayó que la prioridad es garantizar acceso, permanencia y
mejores condiciones de aprendizaje. Para la SEP, fortalecer el bachillerato no
solo es un objetivo educativo, sino social y económico, pues este nivel es clave

para preparar a los jóvenes que, eventualmente, sostendrán la fuerza laboral del
país.
Con todo, la noticia despierta optimismo, dudas, memes y expectativas. Porque
es casi tradición nacional: cada anuncio grande trae entusiasmo… y un “ojalá
ahora sí se cumpla”.
Solo queda esperar el 2026 para ver si los millones logran transformar el
bachillerato en la experiencia que siempre prometen en los discursos.

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