La Suprema Corte de Justicia de la Nación decidió apagarle la música a todos
esos padres que durante años se hicieron los confundidos, los olvidadizos o los
“yo pensé que ya no me tocaba pagar”. Con un fallo histórico, la SCJN
determinó que la pensión alimenticia es un derecho humano intocable, y por lo
tanto, debe pagarse completita y retroactiva, aunque hayan pasado años,
siglos, o aunque la abuela, el tío o el vecino hayan sacado la casta y mantenido
al menor.
Sí, así como suena: no importa si otro familiar se hizo cargo, no importa si el
padre biológico estuvo “en otro proceso personal”, ni si pagó algunas
mensualidades “cuando pudo”. La Corte fue clara: la deuda no caduca, no se
evapora, no se divide y no se negocia. Si hubo omisión, hay que pagar. Si se
pagó una parte, falta la otra. Y si la cuenta es grande, pues… a juntar.
El caso que detonó esta resolución es digno de novela jurídica: un padre que
debía casi dos décadas de pensión argumentó que él ya no era responsable
porque el abuelo materno “hizo de padre”. La SCJN, con la misma paciencia con
la que uno revisa un meme mal hecho, respondió: no señor, la responsabilidad
parental no se puede delegar como si fuera turno en la fila. El derecho del
menor a alimentarse dignamente va por encima de cualquier “acuerdo familiar”.
El fallo rompe con años de lagunas legales que permitían que algunos padres
escaparan por vericuetos procesales o amparos de última hora. Ahora, los
tribunales deberán recalcular montos completos, sin descuentos estilo “Black
Friday”, y obligar a cubrir todo lo adeudado desde el nacimiento del menor.
Y como si fuera poco, la Corte también advirtió que pagar de manera incompleta
puede constituir incumplimiento, no un “ya cumplí tantito”. Es decir: o pagas
todo, o no pagaste.
El mensaje es clarísimo: en México, ser padre no es opcional. Y mantener a los
hijos tampoco. La SCJN puso los puntos sobre las íes, los pesos sobre la mesa y
dejó un aviso para cualquier moroso distraído: la justicia sí está cobrando
factura… y con retroactivos.

